5 diferencias entre el trabajo social y los servicios sociales
15 de octubre de 2016 / 15 Comentarios
15 de octubre de 2016 / 15 Comentarios


El blog de Belén Navarro
6 de abril de 2026 / 1 Comentarios
El sábado pasado quedé con una pareja de amigos para ir a Málaga en mi coche. Decidí escaparme al Aldi antes de salir porque tenía la nevera vacía. Iba con el tiempo bastante justo por lo que entré al super empujando el carro a toda mecha. En el pasillo de la verdura me paró L. Frené en seco. L. es una persona con trastorno mental, sin familia, que acude regularmente al centro de servicios sociales. Me quería pedir un favor: había visto la pizarra en la que cada semana escribimos una cita célebre. Con toda su solemnidad (que es mucha) me pidió escribir una frase suya porque sería un honor. Yo escuchaba atentamente sus explicaciones mientras me repetía, nerviosa, voy a llegar tarde. Soy una persona puntual.
Con toda mi solemnidad le insté a que meditase la frase detenidamente y proseguí la compra retomando mi velocidad de crucero. Doblé la esquina de los embutidos casi derrapando y me topé con I. Hace años la acompañé en un proceso de toma de decisiones con su madre, que padecía una demencia bastante chunga. Desde el ingreso residencial de su madre, I. había florecido. Hace poco la madre murió. I. me había parado para celebrar mi pérdida de peso. Intercambiamos unas palabras de cariño y conduje el carro en modo fast and furious. Hice una chicane entre la gente, directa al pasillo de los detergentes... ¡Maldición! M. se me acercó. Noté que había llorado. Me repetí voy a llegar tarde, suspiré y, preocupada, le pregunté qué le pasaba.
Respondió con un saludo triste y me contó con la voz quebrada que estaba comprando comida para su familia porque se marchaba al hospital con su hija pequeña, enferma terminal de leucemia. No supe que decir y así se lo hice saber. Me limité a darle un apretón cariñoso en el brazo y recordarle que, como siempre, estamos para ayudarla. Me despedí y proseguí la compra con el cuerpo cortado. Estaba detenida en el pasillo de las cervezas cuando me llamó la atención J. con su sonrisa de siempre. Me encanta J. Siempre nos saludamos con afecto.
Iba acompañada de su hijo pequeño, ya un hombre. En su juventud, J. cedió temporalmente la custodia de los niños a la Junta de Andalucía por sus problemas de drogas. Ahora vivía feliz ejerciendo de abuela. En su día tuvimos que trabajar su sentimiento de culpa y hacerle entender que en realidad había realizado el mejor acto de responsabilidad y amor posible hacia sus hijos. J. es una persona a la que admiro mucho. Deseo con todas mis fuerzas que la vida le sonría porque se lo merece y así lo escribo porque es lo que siento.
A esas alturas de la compra yo ya iba casi tarde. Me encaminé a la caja: había una cola de mil demonios. Voy a llegar tarde, ya no hay remedio, me fustigué. Saqué el móvil con la intención de escribir un whatsapp a mi amigo para avisar. En ese momento se colocó detrás de mí E. Su discapacidad intelectual en modo alguno eclipsa su inteligencia para gastar bromas. Guardé el móvil en el bolso y soporté con humor la jocosa inspección que hizo de mi compra. ¡Anda que no llevas alpiste, me dijo el muy cabr...! Abandonada toda esperanza, le sonreí y estuve bromeando con él hasta el momento de pagar.
Por fin llegué al coche, metí apresuradamente la compra en el maletero, arranqué y salí disparada a dejar la compra porque, sí o sí, llegaba tarde.
Sigo recordando que hotmail me ha incluido en sus listas negras, así que hasta que hotmail decida sacarme de ahí no llegarán mis correos a quienes se hayan suscrito con esta plataforma. Solo cabe la opción de suscribirse con otra cuenta...



1 Comentarios
Muero de amor y risa, a partes iguales, con esta entrada.
Hablas de un tema muy reconocible y en el cual me siento identificada: que trabajar cerca de la vulnerabilidad hace imposible moverse por el mundo de forma “anónima”; cada pasillo está lleno de vidas conocidas, vínculos y memoria 💖✨️💐
Y al final, cuando ya inevitablemente llegamos tarde, casi parece una conclusión moral que sin decirla explícitamente esta ahi para todas/os nosotros: hay retrasos que merecen la pena.☺️
Escribir, como lo haces, de salud mental, demencia, leucemia o drogodependencia, pero evitar convertir a nadie en “caso social”es la mejor fortaleza q se puede tener en nuestro ámbito. 💜 Cada persona aparece con rasgos propios:
solemnidad,humor,sonrisa,
dolor, dignidad…pero con tanto RESPETO
Eso es difícil de hacer bien y solo tú lo tranmites tan magníficamente, compañera 🤍
Gracias por la humanidad, la ternura y las risas 💕
Bicos gallegos 😘