5 diferencias entre el trabajo social y los servicios sociales
15 de octubre de 2016 / 15 Comentarios
15 de octubre de 2016 / 15 Comentarios


El blog de Belén Navarro
21 de abril de 2026 / 0 Comentarios
Cuando comencé este blog en 2011 escribía en un tono muy crispado, incluyendo tacos y alusiones personales a políticos de distinto pelaje. Poco a poco me fui dando cuenta de que esa crispación no era buena ni para mis lectoras ni para mí. Me propuse acabar con mi particular saco de boxeo y virar hacia reflexiones serenas y, sobre todo, útiles.
Diré en mi defensa que 2011 y los años que lo siguieron fueron una época muy convulsa en España. No me extenderé porque es ampliamente sabido. Sea como fuere, desde que escribo con serenidad me siento mejor y el mensaje llega más lejos. Por esa razón me ha costado una semana escribir esta entrada, que trata, como imaginarás, acerca de la regularización extraordinaria de personas migrantes del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.
En su día, yo fui una de las miles de personas que recogió firmas para la ILP Regularización Ya (concretamente sesenta firmas). Suscribo punto por punto las palabras del manifiesto del Consejo General del Trabajo Social: la regularización es una cuestión de justicia social y derechos humanos. Las situaciones administrativas irregulares condenan a miles de personas a la explotación, la invisibilidad e impidiendo el acceso a servicios esenciales y derechos básicos. Regularizar a estas personas no sólo es moral y humanamente correcto, sino que contribuye a una gran cantidad de esferas del territorio (economía, trabajo, contribución cultural, envejecimiento de la población, etc).
Dicho esto, el procedimiento que el Ministerio ha arbitrado es tan absurdo, desatinado, demencial, delirante, descabellado, surrealista, ilógico, insensato, irracional, extravagante e inconveniente, —sinónimos todos ellos de disparatado, según la RAE— que no sé por donde empezar, así que escribiré varias entradas y empezaré por el final: Esta forma de proceder nos ha puesto a los pies de los caballos. A los pies de los caballos.
He leído a algún responsable del Ministerio en prensa diciendo que el informe es sencillo, lo que demuestra que en el Ministerio no tienen ni idea, pero ni la más remota idea del tsunami que han provocado al enviar a miles de personas DESESPERADAS a servicios sociales, con la presión asistencial que ya soportábamos. También a las entidades del tercer sector, por supuesto. Por no hablar de que muchas de estas personas ni siquiera hablan español, pobrecitas, que no tienen culpa de nada. ¿El Ministerio no previó las consecuencias en cascada que está generando? ¡Claro que el informe es sencillo, qué tendrá que ver!
La torpeza política sin parangón de quienes han diseñado esta ocurrencia la estamos pagando todos: la población inmigrante, la población autóctona (encendida, y no les falta razón), las profesionales de servicios sociales y el clima social. Luego lo pagarán ellos en las urnas, es evidente; por no hacer, ni se han dignado a enviar dinero a las corporaciones locales para reforzar plantillas. ¡Si es que el PP tiene razón en eso!
Jamás pensé que viviría para decir alguna vez que el PP tiene razón en algo.
Un gobierno de izquierda ha puesto a las profesionales, a los servicios, a las entidades a los pies de los caballos. Mi gobierno, o mejor dicho, el gobierno que incluye la organización a la que dediqué años de mi vida. Daré argumentos la semana que viene. Por ahora lo dejo aquí porque además de que estoy muy cansada, tengo ganas de llorar —es literal—. Y acabamos de empezar.



¿Tú que opinas?