5 diferencias entre el trabajo social y los servicios sociales
15 de octubre de 2016 / 15 Comentarios
15 de octubre de 2016 / 15 Comentarios


El blog de Belén Navarro
5 de enero de 2026 / 1 Comentarios
Minority report es un relato corto escrito en 1956 por Philip K. Dick. Trata sobre un departamento de policía de Washington D.C., conocido como PreCrimen, que detiene a los delincuentes antes de que cometan los crímenes. Puede hacerlo gracias al conocimiento previo proporcionado por tres psíquicos llamados precognitivos.
Steven Spielberg trasladó Minority report al cine en 2002, con el protagonismo de Tom Cruise, un actor que acabará protagonizando películas con actrices de la edad de sus nietas, gracias a la cirugía estética y el patriarcado. Es una pena que la gente se niegue a envejecer, porque al final acaban pareciendo muñecos de cera, sin embargo no vengo a escribir sobre el actor sino sobre la idea del Precrimen.
El argumento de Minority report me recuerda a la exigencia que vengo observando en las jefaturas de las diferentes administraciones —entre ellas la mía— de pretender que las profesionales nos adelantemos a ciertos sucesos trágicos o excepcionales. No me estoy refiriendo a prevenirlos, me refiero a adivinarlos. Esta suerte de Minority report forma parte de la deriva a unos servicios sociales basados en el expediente, que vengo denunciando en este y en otros foros.
Quiero que quede claro que no me estoy refiriendo a evaluar una actuación profesional complicada, es otra cosa. No se trata de analizar lo que ha pasado para mejorar nuestro ejercicio futuro, se trata de sospechar, de entrada, para indagar hasta el final con el objetivo de evitar las repercusiones legales y mediáticas del suceso y de paso, recriminar, de manera velada, que no lo hayamos adivinado.
Al margen de lo descalificadoras —y desgastadoras— que resultan estas actitudes de sospecha hacia nuestro trabajo, el problema es que esta actitud de vigilancia constante tiene consecuencias directas en el desempeño profesional. Desplaza el foco de la resolución del problema a la protección de las profesionales ante posibles consecuencias no deseadas de nuestra intervención.
Así, la intervención, qué duda cabe, cambia. El miedo es un mal compañero de viaje en desempeños como el nuestro. Nos atenaza. Nos hace tomar decisiones equivocadas. Trabajar con personas implica riesgos. Imaginemos a una persona cirujana que tiembla mientras abre un tórax por miedo a una acusación de mala praxis médica. Pues es lo mismo.
En nuestro trabajo nos vamos a equivocar. Ni siquiera hace falta equivocarse: ocurrirán desgracias sin que lo podamos evitar, porque no es posible adivinar lo que las personas van a hacer, igual que tampoco somos capaces de prever las decisiones que nosotras mismas tomaremos el mes que viene. Con las personas que atendemos solo nos queda optar por actuar de la mejor manera posible con rigor científico, exigencia ética y calidez. Y un detalle menor: respetar a las decisiones de las personas que atendemos. Hasta que no comiencen las contrataciones de precognitivos en servicios sociales no nos queda otra.



1 Comentarios
¡Buenos días, Belén!
Feliz 2026, que el año nos trate bien
Pienso que los y las profesionales con este discurso individualista y aporoforico que socialmente se está instalando cada vez nos sentimos más juzgadas y, ante esto, solo nos queda como tú bien dices actuar con rigor, con calidez y hacer lo que podamos, pero intentando no hacer daño y ,ese detalle mayor, respetar las decisiones de las personas a las que atendemos.
Un abrazo, Cheli