5 diferencias entre el trabajo social y los servicios sociales
15 de octubre de 2016 / 15 Comentarios
15 de octubre de 2016 / 15 Comentarios


El blog de Belén Navarro
19 de enero de 2026 / 9 Comentarios
Veamos la historia de la semana pasada desde otro punto de vista.
Una mujer joven acude al servicio de información. Entra al despacho y observo que va bien vestida, lleva una cuidada manicura, luce en una de sus manos un anillo que parece ser de Tous y en la otra porta un bolso, también de marca. Imagino que viene a solicitar el reconocimiento de la dependencia para algún familiar, pero no.
Cuenta que su abuelo ha muerto y que su último deseo fue que ella, su nieta, lanzase sus cenizas al mar de Ferrol, donde el anciano nació y vivió casi toda su vida. Ella quiere acatar la voluntad de su abuelo, sin embargo no tiene dinero para el viaje por lo que solicita una ayuda económica para hacerlo.
A mí la historia me extraña, pero los ojos llorosos de la chica y la demanda inusual me empujan a saber más. Le advierto que no sé si podré ayudarla y le pido permiso para preguntar. La chica acepta. Comienzo queriendo saber la razón por la que cuidaba del abuelo en Almería.
Me cuenta que es hija única y que sus padres tenían problemas de drogas. Ella entró en desamparo y su abuelo, viudo, la acogió. Vivió con él hasta que conoció a su marido, almeriense, por eso vive aquí. Su abuelo, enfermo, esperó durante años un apoyo que nunca llegó, así que ella tuvo que traérselo a rastras de Ferrol. El anciano nunca terminó de adaptarse a la aridez de Almería y ella se siente culpable, pero ¿Qué otra cosa podía hacer? me dice.
La atención sanitaria, un tormento, continuó la joven. Tenía que levantarse a las cinco de la mañana para conseguir una cita médica para su abuelo. En su trabajo como envasadora no se lo ponían fácil; andaba siempre a la gresca con su jefe. Aunque al principio recibía la ayuda del marido, tras la separación ya no tenía a nadie; maldecía la hora en que conoció al almeriense, que la dejó porque ella no podía tener hijos. Al final tuvo que abandonar el empleo para atender a su abuelo y se fueron manteniendo con la pensión del anciano. Ahora el jefe se negaba a readmitirla. Al menos tenía un techo, eso sí.
La joven continuó narrando su periplo por el SEPE: no tenía derecho a paro, solo al subsidio de cuatrocientos euros, y con ese dinero apenas podía sobrevivir, menos aún viajar a Ferrol. La culpa en forma de cenizas le quemaba en casa, así que decidió acudir a servicios sociales a probar suerte. Acabado el relato, se echó a llorar.
Le tendí un pañuelo de papel de una caja que siempre tengo sobre la mesa y le dije que lo lamentaba muchísimo. Lamenté la espera de dependencia, lamenté la atención sanitaria y lamenté su soledad. Le transmití mi comprensión acerca de lo duro que debía ser para ella perder a la persona que la cuidó desde niña y le mostré mi desazón por no poder tramitar una ayuda que cubriese los gastos del viaje. Sin embargo quedé en tantear a alguna ONG o a alguna de las muchas hermandades de Semana Santa del pueblo. Le pedí su teléfono y le garanticé que la llamaría tanto si encontraba apoyos externos como si no.
Esperé a que secase sus lágrimas y la acompañé hasta la puerta. Me volví al despacho recordando lo mucho que quise a mi abuelo Gabriel. Si me pudieras escuchar, abuelo, te contaría que aún recuerdo tus ojos de un verde extraño, tu sombrero, tu cayado, tu libreta secreta plagada de faltas y tu infinita paciencia cuando yo jugaba con el bebé que fingías ser.



9 Comentarios
Maravilloso ejemplo de cómo intervenir ante este tipo de peticiones. A veces no somos conscientes de las oportunidades que tenemos para desplegar ese trabajo social que llevamos dentro, y que parece invisibilizado entre tantas tareas de gestión.
Me has hecho pensar mucho en el día a día de mi puesto de trabajo, en un servicio de atención socio-jurídica de una entidad del tercer sector, especializado en el ámbito de extranjería. Es un programa muy particular, dado que el papel de las TS está vinculado fundamentalmente al asesoramiento y el apoyo en trámites de extranjería. Por supuesto, respetando los límites de actuación de las compañeras juristas. A pesar de esto, nos llegan múltiples peticiones de todo tipo, claro.
Somos un servicio de orientación y asesoramiento, no de intervención (aunque llevamos unos pocos casos con seguimiento), y la mayoría de las consultas se abordan en horario de atenciones sin cita. Son intervenciones breves y centradas normalmente en la demanda explícita.
Creo que en el equipo logramos un buen equilibrio entre el respeto al encargo que tenemos en estas consultas y ofrecer un trato cálido, respetuoso y una mirada muy flexible.
A pesar de todo, reconozco que muchas veces me ha quitado el sueño no poder (o no ser capaz) de ofrecer respuestas más adecuadas.
Me llevo esta entrada para seguir generando reflexión con mis compañeras, que por cierto saben que soy fan de este blog.
¡Un abrazo para todas!
¡Buenos días, Belén!
Qué importante es atender con respeto y atender viendo a la persona solo depende de nosotras.
Un abrazo y buen día.
Cierto, sobre todo, no dejarse llevar por prejuicios…
A mí también me ha conmovido, Belén. Es una historia bonita, a pesar de ser dolorosa, pero es que el dolor y la belleza están unidos, como todos los supuestamente opuestos.
¡Ay, los opuestos! Gracias, maestra…
Que importan es deshilvanar las historias de las personas que atendemos!
Duele ver como algunas compañeras -pocas, por suerte- juzgan y no indagan en las historias. Que importante la narrativa!
Y no olvidar que lo externo no nos permite ver el interior real de las personas! Todos tenemos nuestros problemas, nuestras historias, nuestros miedos y equivocaciones…se puede estar pasándolo muy mal aunque muestres una gran sonrisa ☺️ (¡y esto lo sé por experiencia!)
Gracias por esa sensibilidad, Belén en el que muestras que una intervención empatica, desde la escucha y el respeto genera bienestar en AMBAS partes…porq no olvidemos que podemos estar al otro lado más fácil de lo que parece. 🥰
De hecho, Emma, estamos al otro lado muchas veces, en sanidad, en el cole de nuestras hijas e hijos…
Muchas gracias por aportar…
Me ha conmovido profundamente, algo que en principio debería ser normal en nuestra profesión y en cualquier otra que se ocupe de las personas y debo confesar, que quizás mi respuesta hubiera estado más cercana a la de la semana pasada. Lo siento.
Gracias, por aportar de una forma tan gráfica y sencilla reflexiones de tanto calado. Gracias.
Gracias a ti por tu honestidad…