No puede ser que la simple empatía nos haga morales. Tiene que ser más complicado que eso, porque si sientes empatía o no, depende de decisiones previas sobre por quién debes preocuparte, quién cuenta, quién importa, y estas son decisiones morales.
Contra la empatía. Paul Bloom.
Hace un mes se escapó uno de mis perros, Lío. Estuvo 24 horas desaparecido. En esas 24 horas lloré hasta vaciarme y grité su nombre por los caminos del barrio, atravesada por el pánico de no volverlo a ver. Pasé la noche imaginando a Lío acurrucado entre matorrales y recé al universo, Dios o lo que fuera para que la baja temperatura no pudiera con el más friolero de mis tres perros. Por eso entendí tan bien el dolor de Ana, la pasajera del tren que buscaba a su perro Boro tras una de las mayores tragedias de la historia ferroviaria de nuestro país. Por eso lloré de felicidad cuando Boro apareció.
Me sentía mal por sentirme bien. Han muerto 45 personas. Sin embargo me reconfortó pensar que era normal que me alegrara la localización de Boro, pues estaba experimentando una lógica empatía por Ana.
El día después de la localización de Boro, una de las trabajadoras sociales del centro tuvo un conflicto bastante feo con una persona que había atendido. La compañera entró llorando al despacho y me dijo que se había equivocado con esta persona. Me confesó que al inicio de la intervención sintió mucha empatía y eso la nubló. Yo le contesté, entre otras cosas, que la empatía no puede ser la estrella que nos guíe a Belén. Ahora caigo en que además debería haberle recordado que la empatía hay que combinarla con ecpatía.
Cuando la compañera se marchó me quedé pensando que la empatía es una cosa bastante puñetera si no se gestiona adecuadamente. Entonces me puse a buscar textos sobre el particular. Encontré un libro llamado Contra la empatía y lo pedí. Luego me arrepentí de hacerlo porque me apareció un texto de José Carlos Bermejo en el que criticaba —con fundamento— el libro de Paul Bloom. Al final recomendaba el suyo, Empatía terapéutica. Obviamente, también me apresuré a pedirlo. Después me recriminé mi incapacidad para controlar la compra compulsiva de libros, pero ya era tarde.
Ahora solo necesito encontrar el tiempo para leerlos y poder salir, por fin, de dudas con la dichosa empatía.
En memoria de las 45 personas fallecidas en Adamuz. Espero que, por una vez, las instituciones protejan como es debido a sus familiares. Bastante tienen con encontrar la manera de sobrevivir a la tragedia.
Como siempre Belén das vueltas s a cuestiones críticas de nuestro trabajo… Siempre he pensado que la empatía definida de manera simple como «ponerse en el lugar de otra persona» era bastante discutible y me ha dado para pensar … Si tomamos esta frase de manera literal, como seguramente lo haría una persona con autismo ( que tienen buen ojo) .., si nos ponemos en el lugar de otras, ellas se tendrán que quitar y dejarnos su sitio… ¡Ojo que esto es mu grave! ( diría Mairena)
Un abrazo!!!
india
Empatía, resiliencia, autoestima, vínculo… En estos tiempos se utilizan estos conceptos (y muchos otros) en la intervención social de una manera tan simplista que se termina construyendo y justificando con ellos actuaciones profesionales más que discutibles. Lo veo a diario y me asusta el nivel de escasa reflexión y de búsqueda de soluciones fáciles y lineales que se alejan cada vez más de la complejidad que se necesita para una intervención eficaz. Gracias por contribuir a revertir la tendencia con estos artículos.Saludos.
Efectivamente, Pedro. Es justo como señalas. De hecho, cada vez que voy a la Universidad de Almería, las preguntas son: ¿Qué hacer con una mujer víctima de violencia que no quiere denunciar? ¿Qué hacer con menores? Recetas, recetas, recetas y simplicidad, simplicidad, simplicidad. Yo trato de comenzar explicando que la pregunta en sí es errónea… Lo malo es que muchas profesionales continúan instaladas en esos paradigmas simplistas: Bueno / malo, colaboración / resistencia, etc.
4 Comentarios
Como siempre Belén das vueltas s a cuestiones críticas de nuestro trabajo… Siempre he pensado que la empatía definida de manera simple como «ponerse en el lugar de otra persona» era bastante discutible y me ha dado para pensar … Si tomamos esta frase de manera literal, como seguramente lo haría una persona con autismo ( que tienen buen ojo) .., si nos ponemos en el lugar de otras, ellas se tendrán que quitar y dejarnos su sitio… ¡Ojo que esto es mu grave! ( diría Mairena)
Un abrazo!!!
india
Si nos ponemos en el lugar de otras, ellas se tendrán que quitar y dejarnos su sitio…
Amiga, esto te lo tengo que robar. Me encanta.
Un abrazo.
Empatía, resiliencia, autoestima, vínculo… En estos tiempos se utilizan estos conceptos (y muchos otros) en la intervención social de una manera tan simplista que se termina construyendo y justificando con ellos actuaciones profesionales más que discutibles. Lo veo a diario y me asusta el nivel de escasa reflexión y de búsqueda de soluciones fáciles y lineales que se alejan cada vez más de la complejidad que se necesita para una intervención eficaz. Gracias por contribuir a revertir la tendencia con estos artículos.Saludos.
Efectivamente, Pedro. Es justo como señalas. De hecho, cada vez que voy a la Universidad de Almería, las preguntas son: ¿Qué hacer con una mujer víctima de violencia que no quiere denunciar? ¿Qué hacer con menores? Recetas, recetas, recetas y simplicidad, simplicidad, simplicidad. Yo trato de comenzar explicando que la pregunta en sí es errónea… Lo malo es que muchas profesionales continúan instaladas en esos paradigmas simplistas: Bueno / malo, colaboración / resistencia, etc.
Un abrazo.